Habitar la escultura, esculpir el espacio
Los muebles han sido, históricamente, mucho más que objetos funcionales. En la tradición vasca, eran portadores de símbolos, relatos de identidad y vínculos con la naturaleza. Pero con el tiempo, fueron despojados de su significado y relegados a la mera utilidad.
Jose Pablo Arriaga ha recorrido ese tránsito entre la memoria y la materia, entre la ebanistería ancestral y la escultura contemporánea. Su obra, lejos de limitarse a la decoración, busca recuperar el lenguaje olvidado de los objetos, dotándolos de significado. En proyectos como Arantza Hotela y Berazadi Hotela, ha concebido piezas que trascienden su función: en el primero, exploró la transición del peso a la ligereza, mientras que en el segundo, reivindicó la madera desde su ausencia, cubriéndola de cemento y revelando su esencia a través de la curvatura y la tensión. Cada una de sus creaciones es un diálogo entre el material y la idea, entre la forma y el concepto.
Sin embargo, el arte impone fronteras. Se espera que la escultura renuncie a la utilidad para ser reconocida como tal, como si la función anulara el significado. Pero la obra de Jose Pablo Arriaga desafía esa distinción. Sus piezas, ya sean habitables o puramente escultóricas, responden al mismo impulso: revelar la tensión invisible en las cosas, el equilibrio entre opuestos, la memoria contenida en la materia. No se trata de renegar de su camino, sino de reivindicarlo. Porque su trabajo no es solo mobiliario ni estrictamente escultura: es una forma de pensamiento hecha materia, un puente entre lo habitable y lo simbólico.

